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No siento nada,
nada en absoluto. Pero, ¿desde cuándo he sido yo capaz de
ser consciente de mis sensaciones? Y ¿desde cuándo tengo la
capacidad de expresarme así? Antes era… antes era… ¿cuándo
era antes? De lo único que me acuerdo es que hecho de menos
a algunas… ¿personas? Creo que sí, pero sobre todo, a una en
especial, a Ella. Ella era la que más me quería. ¿Querer?
Otra nueva expresión, antes no tenía nombre, era… no puedo
recordar exactamente como era el sentimiento. Lo único de lo
que me acuerdo respecto a Ella era que me ponía triste
cuando Ella lloraba. Llorar, otro nuevo nombre para expresar
otro nuevo sentimiento. Quería que estuviese contenta, que
jugase conmigo, me ponía muy triste cuando Ella me regañaba
por algo que hacía mal. Ahora me doy cuenta, yo también la
quería, a la que más.
Pero, ¿cuándo era
antes? Me acuerdo de… una mesa de metal, un pinchazo en la
pata, pero, ¿y mis patas? No me importan las patas, aunque
no siento nada es preferible a lo que sentía antes, algo muy
desagradable. Lo último que recuerdo es su cara, un poco
antes, Ella estaba conmigo, llorando a mi lado toda la
noche. Yo intentaba moverme para chuparle la cara, pero sólo
conseguía más dolor y que Ella llorase más fuerte. Sabía que
me dolía, seguro que lo sabía.
¿Dónde está Ella?
Quiero que me vea, que sepa que ya estoy bien. Pero, ¿cómo
llego a casa sin mis patas? En realidad no tengo ni rabo, ni
orejas, ni ojos… Me doy cuenta de que soy… un alma. Otra
palabra nueva, pero que aporta un gran significado. Pero no
estoy triste, lo único que siento es ganas de ver cómo se
encuentra Ella, la que me cuidaba y me quería y la estuvo
conmigo esa última noche y en la habitación de la mesa de
metal. Toda mi vida, siempre conmigo. Intento moverme hacia
casa, donde seguro que la encuentro. Con quererlo me basta.
Me muevo muy rápido, pero veo perfectamente lo que pasa a mi
alrededor. No, no lo veo, lo percibo. Otra gran diferencia.
De repente la veo.
Está diferente, pero es Ella. Triste. Está con las otras dos
personas, pero no son importantes, lo es Ella. La sigo hasta
su habitación, se cambia de ropa, se mete en la cama. Mi
alma, mi esencia, se tumba a su lado, intento confortarla,
decirla que estoy bien, que no se preocupe por mí, que estoy
con Ella. Pero no me ve. De repente, deja de llorar, levanta
la cabeza y mira donde está mi alma. Me siente.
-
Cuca- dice, todavía llorando- Cuca, ¿por qué te has
ido? No es justo, sólo te saco un año y me queda vivir
cuatro veces lo que llevo, y tú, tú…
Así me llamaba, es
verdad… Cuca. Pero no puedo pensar en eso, Ella sigue
llorando, más todavía. Nunca comprendí cómo dos cositas tan
pequeñas podían echar tanta agua. Pero tampoco sigo pensando
en eso, porque está cada vez peor. Hago que mi esencia se
acerque más a Ella y estremece, me vuelve a sentir.
Después de muchas
horas, se calma y empieza a dormir. Al poco rato empieza a
decir mi nombre. Pero sigue dormida, entonces está…
¿soñando? Pero ahora eso no importa, no importan las nuevas
palabras, ni el tener la capacidad de comprender, ni
recordar mi nombre, ni no sentir nada, ni siquiera no tener
patas, lo único que importa en este instante es que Ella
está durmiendo girada en mi dirección, y que tiene un brazo
sobre mi esencia, abrazadas como aquella última noche, en la
misma armonía que siempre, o incluso mayor, porque ahora se
que, mientras mi alma esté aquí, voy a estar siempre con
Ella, durante el resto de su vida para después poder
encontrarla y volver a estar juntas. Puede que mi vida haya
sido corta, pero la suya no lo va a ser y Ella no va a estar
sola jamás, siempre estaremos juntas. Aunque la muerte nos
separe.
Autor: Alicia Inurria Heras
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