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Estoy en el coche
con mi madre, me lleva al concierto de My Chemical Romance.
Es de noche. Pasan las pocas luces que hay encendidas en la
calle a toda velocidad a nuestro lado. Nos dirigimos deprisa
al centro de Madrid, el concierto tiene aforo limitado.
Estamos llegando.
Hay más coches. Adolescentes y veinteañeros se dirigen a pie
hacia el concierto. Excitación. Llegamos, mi madre se
despide de mí. Veo a mis amigos. Gentío. Me acerco hacia mi
panda, nos saludamos. Gritos. Me acerco a Alex, nos besamos.
Sacamos nuestras
entradas. A María le roban la suya, la buscamos. Demasiada
gente, compramos otra.
Hacemos cola. Más
gritos. Empujones. Matones en la puerta. Son dos, grandotes,
con cara de no ser muy espabilados. Nos tocan el culo a
María y a mí. Yo paso del tema, María se vuelve. Le pega una
bofetada al chico que tiene detrás. Un portero se gira hacia
nosotras, nos mira.
Conseguimos
entrar. Nos reunimos toda la panda, intentamos coger sitio
para lograr ver bien. Vamos hacia los palcos.
Más colas. La
escalera es empinada. Suelos encharcados. Olor a cerveza.
Noto que la mano de Alex coge la mía. Me giro. Los chulos
del instituto nos han visto, se dirigen hacia nosotros.
Pongo mala cara. Esos tres llevan un mes que me acosan, no
me dejan en paz. Incluso cuando está Alex delante. Nos damos
prisa en encontrar sitio. Les perdemos de vista.
Vemos un hueco.
Vamos hacia allí, está justo en la barandilla de los palcos.
A cinco metros se ve el suelo. A veinte, el escenario.
Cuatro pantallas gigantes colocadas a lo largo de las
paredes. Risas. Me giro. María y Jorge están hablando. Se
ríen otra vez. Se miran embobados. Se gustan, se nota.
Sale un chico al
escenario. Prueba los micrófonos. Encienden las pantallas.
Gritos. Noto el subidón de adrenalina.
Sale el grupo al
completo. Grito, gritan. Empiezan a tocar, el sonido es
increíble. Las pantallas alternan imágenes de video clips
con escenas del concierto. Griterío. Voces coreando las
canciones.
Noto los cuerpos
de la gente que hay a mi alrededor, hay demasiada gente.
Empujones, más gritos. Alex se gira hacia mí, me grita algo,
no le oigo. Me coge la mano, tira de mí pero yo no quiero
irme. Hace que me gire, los que me hacen bulling se acercan.
La gente empieza a saltar, nos empujan otra vez, suelto la
mano de Alex, le pierdo de vista. Ya no siento excitación,
sino miedo. La adrenalina sigue en mis venas. Los chicos
están muy cerca, sonríen. Miedo. Busco a Alex, no le
encuentro. Angustia. Me voy alejando de los chicos, me choco
con algo duro en las costillas, la barandilla del palco. Me
giro, uno de ellos está a mi lado, me agarra del brazo. Me
duele, grito, nadie me oye. Me sujetan el otro brazo, más
dolor. Retrocedo un poco, me empujan, caigo.
Nada, no siento
nada. Es lo contrario a todas las sensaciones del concierto,
nada.
Me despierto.
Siento algo, entumecimiento. Abro los ojos. Una luz blanca
molesta, noto un pinchazo en la cabeza. Intento escuchar.
Voces, piden algo con rapidez. Siento algo más, me muevo, me
mueven. Otra cosa más, dolor. Mucho dolor, creo que lo único
que no me duele son los brazos, no los siento. Un grito, un
grito horroroso, agónico. Me dicen que me tranquilice. He
sido yo, he gritado sin darme cuenta. Alguien me suplica que
aguante, que me voy a curar. Yo prefiero no sentir nada.
Ya no veo ninguna
luz, ya no siento nada, no siento dolor. Nada. Lo último que
oigo antes de sumirme en la oscuridad en un pitido agudo y
una mujer que empieza a llorar. Mamá.
Autor:
Alicia Inurria Heras
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