L A  I N M E N S A  S E M A N A

 


Así, las simples plantas, tan abundantes como ignoradas, que se pueden encontrar por doquier, nos invitan a interiorizar la evolución de sus formas hasta en los más mínimos detalles para que podamos entender integralmente sus procesos vitales....

María J. Bueno

 

Mes y medio después de aquella semana de trabajo en Calatañazor, me dispongo a escribir mi experiencia.  Antes de ello reviso mis notas, mis recuerdos y mi sentir,  y una vez más mi sentir destaca, por encima de todo lo que allí viví, la fuerte sensación de estar fuera de tiempo y espacio...

 

Esta sensación que me acompañó desde el primer hasta el último día fue alimentada por todas y cada una de las actividades, y también de las relaciones con el resto de las personas.

 

Descubrí la importancia de practicar la meditación para ir desarrollando poco a poco la capacidad que nos permite poder estar receptivos, abiertos, de poder controlar nuestro pensar asociativo, que va continuamente saltando de aquí para allá y no nos permite descansar, nos agota, nos hace esclavos de su anarquía... Y que, en el caso de ejercicios como el que practicábamos cada mañana en la charca, me impedía captar y vivenciar anímicamente lo que la naturaleza nos transmitía.

 

El trabajo en el aula, con el método goetheano de observación de las plantas, fue muy interesante.  Aquí quiero destacar que al observar la planta e interiorizarla después, para intentar comprender la evolución de sus formas, puede ver (no con los ojos físicos) la planta como un conjunto de energías y fuerzas vivas que a lo largo de su crecimiento nos muestra una sucesión o evolución en la transformación de sus formas iniciales, y esas energías y fuerzas vivas se materializan o se mantienen ocultas dependiendo de aquello que se nos quiere mostrar. Para mí fue un descubrimiento muy importante, comprender cómo signo y significado son un TODO; el signo es lo evidente, lo cotidiano, lo que vemos con nuestros ojos físicos; el sentido o significado es la parte oculta, la que también existe pero no vemos. Sin embargo, a veces ocurre que de pronto nos viene como una ráfaga instantánea, una "intuición" y ¡ya está! lo ves, lo entiendes, lo sientes;  es como una chispa de luz que viene de arriba y enciende el misterio, lo hace transparente.

 

Lo que vemos / intuimos es el resultado de los procesos que están ocultos a nuestros ojos físicos; sin embargo, comprendí que sólo podemos percibir aquello para lo que tenemos los órganos desarrollados; la intuición, en su ráfaga, no sólo nos transmite una chispa de ese TODO, de esa verdad, sino que también nos indica que en nuestro interior existe ese nuevo órgano sensorial y que está en nuestra voluntad la posibilidad de desarrollado y usado permanentemente, y así ser capaces de comprender en cada momento el conjunto, de ver lo oculto, de conocer la verdad. Pude comprender que el conocimiento permanente de esa verdad nos dará la capacidad y la fuerza suficiente para poder en cada momento vivir y actuar con la responsabilidad que por nuestra condición de hombres nos corresponde.

 

Así, las simples plantas, tan abundantes como ignoradas, que se pueden encontrar por doquier, nos invitan a interiorizar la evolución de sus formas hasta en los más mínimos detalles para que podamos entender integralmente sus procesos vitales, tanto los visibles como los invisibles, y a imitar también anímicamente esa continua evolución en la que las fuerzas densas que nacen en el interior de la tierra se desarrollan hacia arriba, hacia otro tipo de energía de índole más sutil, más ligera, que llega desde el Sol y mediante la cual, intentando acercase a ella, la planta en su crecimiento se eleva hacia arriba, transformando sus formas mientras pierde materia, y a medida que crece y se distancia de la Tierra y se acerca al Sol, su energía se convierte en una nueva sustancia llena de perfume y color.

 

La invitación es, pues, a que nosotros también trasformemos nuestra vida cotidiana pegada a la Tierra y su forma más densa, el materialismo, y con nuestro trabajo y esfuerzo diario poco a poco vayamos cambiando nuestras conciencias, influidas principalmente por las fuerzas del yo inferior, con el trabajo y el esfuerzo diario, con la voluntad sostenida y rítmica.

 

A través de la euritmia pudimos experimentar nuestra individualidad en coordinación con las otras individualidades; primero no entiendes nada, te da miedo hacerlo mal, no sabes...; después te diviertes, y al final se convierte en una necesidad conseguir que todos vayamos coordinados, que cada cual cumpla su papel, ocupe su espacio, se mueva en los tiempos y ritmos... Se pasa del caos a la armonía, a la belleza de formas. Cuando sale bien, el gozo es tanto para el que está dentro del movimiento como para el que lo disfruta desde fuera, observando la danza...

 

En definitiva, la inmensa semana estuvo repleta de actividades casi todas nuevas para mí; interiormente mi alma vivió una experiencia feliz, se sentía atendida, comprendida y satisfecha, pero a veces también sintió el dolor por el tiempo perdido y por todo lo que se podría hacer y no se hace, y sobre todo comprendió la necesidad de empezar ¡ya!

 

Así, he vuelto repleta de trabajo y de ilusión...

 

Septiembre 2005.

 
     
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