LA METAMORFOSIS DE LA PLANTA

 

    

Al igual que la planta acoge la materia y la oscuridad por un lado, y la luz y el calor por otro, tejiendo con ambos su ser, he vivido el grupo como una entidad que acoge la oscuridad y pesantez de unos y la luz y el calor de otros, ofreciendo a cada uno lo necesario para que tenga la posibilidad de dar su paso.

 Xabi Akizu

Vengo al curso con ganas de profundizar en el ser de la planta y en el mío propio, superando la barrera que nos hacemos en el trabajo cotidiano, en el que sólo soy consciente de la parte más material, productiva y práctica.

La agricultura está enfocada a producir más y más barato. Y los agricultores, incluso los ecológicos, a duras penas podemos salir de ese esquema economicista que nos impone la sociedad.

Aunque sólo sea a modo de "ejercicios espirituales", necesito bañarme en esa otra dimensión con el deseo de que algo perviva en mi interior y renazca en mi vida diaria.

4 de Julio. Lunes.

Luna. Raíz

Comenzamos el curso con lo que va a ser la visita matinal diaria a la Fuentona y sus alrededores. Un pequeño oasis en la árida y reseca Soria. Mientras que algunos compañeros empiezan a "ver" elementales y otros seres y "oyen" comunicarse pájaros y ranas al ritmo de las hojas de chopos mecidas por la brisa, coordinado todo por un también intuido director de orquesta, yo me debato en el esfuerzo de mirar lo que me rodea y evitar que el flujo caótico de pensamientos me lo emborrone todo.

 

Lo que va ha ser el segundo ejercicio del día a lo largo del curso -la euritmia, orquestado por Cherna, esta vez sí, de carne y hueso- hace resurgir en mí mi complejo de patoso en gimnasia y baile, pero pronto cojo la confianza necesaria para hacerla a gusto. Nos ayuda a soltar el cuerpo y ponerlo en sintonía con las fuerzas que rigen cada día. Además, el trabajo en grupo adquiere otra dimensión. La competencia, el deseo de hacer mejor las cosas que los demás, pierde sentido. Cada uno ha de esmerarse en hacer bien su labor, pero todo fluye cuando nos acoplamos con los demás.

 

Cuando empieza el día a calentar viene "el plato fuerte":la metamorfosis de la planta. Para entonces, cada uno nos hemos hecho con una planta, alguna que desde el borde del sendero recorrido nos haya resultado especial.

 

He escogido el corazoncillo y comienzo con la labor de observación: tiene gran despliegue aéreo. Altos tallos marchitos del año pasado, brotes del año mordisqueados por el ganado, excepto alguno que se ha librado y conseguido florecer. Todo ello parte de una gruesa raíz horizontal (quizás un tallo semienterrado). Se alarga en raíces cada vez más menudas, que se van bifurcando. Finas raíces de poco más de l mm. se alargan hasta más de 30 cm. Y se bifurcan a su vez en raicillas más menudas y de éstas salen finalmente finos hilillos que vuelven a bifurcarse casi hasta el infinito. Parece que la tierra -no he lavado la planta- se hace una con la fina red de raicillas.

 

Me centro en la observación de todo ello y de esta actividad surge en mí: "cuánto trabajo oculto, bajo tierra, silencioso, para que solamente se vea la parte aérea. Cuánto esfuerzo detallado, preciso, pero sin una estructura aparente, sin una imagen propia, como al servicio de una belleza superior. Sin color exterior, sin distinguirse a penas de la tierra que la nutre. Todo es marrón en un crecimiento ondulado".

 

Es una actividad de cooperación con la tierra, de hacerse casi una con ella, de avanzar cuando y hacia donde le deja y le ofrece. Está tocando, palpando, sintiendo, viendo la tierra. Y lleva lo visto, tocado y sentido en ella mediante el agua hacia arriba. La tierra le presta su ser y las raíces la "elevan". Surge en mí la pregunta: "¿pero cómo?"

 

Observo el interior de la raíz, su sección; todo es blanco, no hallo respuesta. Sólo me viene una duda: "¿será la raíz la cenicienta?"

 

Me he sentido a gusto en el trabajo de observación de la raíz; hasta puedo hacer partícipe al grupo de lo visto y sentido, algo nada fácil para mí en un grupo tan numeroso como desconocido. También me vendrá bien para compensar mi actitud de callado y de solitario.

5 de Julio. Martes.

Marte. Tallo.

Hoy me propongo un trabajo más práctico, de mayor "utilidad", y por eso escojo un cereal, más concretamente el trigo. Quizás me sirva para mi trabajo de elaboración de pan o para los cursos de formación que doy. Así, con "un objetivo más claro", comienzo mi trabajo de observación:

 

De un único sistema radicular radial y bastante reducido -muy diferente al corazoncillo- salen como disparados tres largos y erguidos tallos que terminan en espigas. Se evidencia una falta de relación entre el desarrollo de las raíces y las dimensiones de los tallos. No parece que haya ningún nudo que diferencie el tallo de las raíces; al menos, no se aprecia abultamiento ni cambio de color, como aparece en el resto de los nudos.

 

Los tres tallos son de alturas diferentes y el tamaño de las espigas está en relación con la longitud del tallo correspondiente. Hay un cuarto tallo, notablemente menos desarrollado, que ni siquiera ha llegado a formar la espiga y que termina en una hoja alargada.

 

Internudos y nudos:

 

El primer internudo de los tres tallos es el más corto en comparación con los siguientes, y el más corto de todos ellos es el del tallo más vigoroso. En todos ellos consiste en un tubo cilíndrico, relativamente duro, con cierto estrechamiento o estrangulamiento al aproximarse al nudo. Este primer nudo es más bien oscuro. Se aprecia una especie de estriación -inexistente en el tallo- que luego parece continuar en la hoja. Esta hoja parece surgir del exterior del nudo a todo su alrededor.

 

Al intentar interiorizar estas observaciones y percibir mi interior me siento pesado, con sueño, no me aligera la actividad que estoy realizando. Siento una resistencia a subir con el tallo. Me encontraba más cómodo en las raíces. Necesito subir peldaño a peldaño, milímetro a milímetro. Necesito una regla para medir nudos y entrenudos que me haga también de escalera, pero no soy capaz de pedirla. Hago un gran esfuerzo y escalo al segundo internudo, algo más largo que el anterior. La hoja que surge del primer nudo envuelve al tallo hasta la mitad aproximadamente. El segundo nudo es marrón, apareciendo el color verde con mayor intensidad en los tallos más débiles. Otro esfuerzo y subo al tercer internudo, casi envuelto en su totalidad por la hoja. El abultamiento del tercer nudo es ya verde. Por fin, el cuarto internudo, el más largo de todos, está coronado por una espiga.

 

Interiorizando, surgen algunas interrogantes: ¿ Cómo surgirán las hojas en el nudo? ¿Qué ritmo habrá entre los internudos ? Me siento incapaz de una observación detallada y esto me cierra toda posibilidad de interiorizar y ascender. No he podido dibujar nada.

Escucho a los compañeros en sus aportaciones, los veo jugando con fuerzas, ritmos y colores que me producen vértigo. Y en mi alma surgen dos sentimientos bien diferentes: por un lado la sensación de pesadez y oscuridad es más agobiante, me veo incapaz de ascender, de ver la luz; por otro, sus dibujos y pinturas encienden una pequeña llama en mi alma que me da cierta calma y confianza.

 

6 de Julio. Miércoles.

Mercurio. Hoja.

 

Observo la planta que he cogido en el paseo hacia la Fuentona. Pero no estoy muy convencido, miro otras plantas que hay sobre la mesa, me quedo con ésta. Ni siquiera sé como se llama. No tengo fuerzas para indagar.

 

El tallo es extrañamente cuadrado. A intervalos casi regulares salen unas hojas polares a ambos lados, sin apenas pecíolos. Prácticamente de la vaina se forma directamente el limbo y parece que la fuerza del pecíolo alarga la hoja haciéndola lancealada, y así el nervio central es evidente a lo largo de todo el limbo. De cada nudo, y situándose por encima de las hojas principales, salen otras dos -de las otras dos caras del tallo- muy pequeñitas y perpendiculares a las anteriores. A media altura del tallo estas hojitas se transforman en flores, mientras que las hojas principales van reduciendo drásticamente su tamaño, hasta desaparecer.

 

Observo, por otro lado, las inserciones de las hojas de la zarzamora. Es una planta completamente diferente; el corazoncillo también...esto es muy complicado... o lo complica mi mente.

 

Poco o nada resuena en mi interior, sino la imposibilidad de ascender. Siento algo que me encadena al suelo; todo intento por elevarme resulta vano. Me siento sin fuerzas para este trabajo.

7 de Julio. Jueves.

Júpiter. Capullo.

Y otra vez parado, sin fluir, o el objetivo que me propongo dificulta la marcha. No se a dónde voy. No, ¡no sé dónde estoy! ¡Rezagado!

¿De quién? Siento que no tengo tiempo, pero no es tiempo lo que me falta. Es simplemente ponerme en camino. Dejar peso, abandonar lo viejo, andar sin esperar nada. Dar lo que tengo sin mirar a quién, y recibir lo que me dan para que nada se pierda. Solo así, cada vez con menos, podré salir de la oscuridad a la luz. Esta vivencia interior me da fuerzas para empezar a soltar este peso, esta oscuridad ante el grupo compartiendo mis vivencias, pero nada más empezar a hablar entra el guarda del centro en el aula diciendo que en Londres ha habido un atentado como el de Madrid.

 

Ha sido como un mazazo. Me vienen las imágenes del 11 de Marzo, la posibilidad de que hubiera sido ETA, el desgarro interior por aquella tragedia y nuestra responsabilidad. Me repongo en unos segundos y me extraña que los compañeros no se sientan afectados, al menos de forma visible. Sigo con mi relato y me siento finalmente aliviado por haber podido deshacerme de tanta pesadez y oscuridad. Me siento más ligero y centrado. Vuelve a mí la preocupación por el atentado. ¿Hubiéramos reaccionado de la misma manera si hubiera sido de nuevo en Madrid? ¿De qué sirve este trabajo si no nos sensibiliza al dolor ajeno, o no nos hace conscientes de que no sólo somos víctimas, sino también terroristas al ser corresponsables del terror, del hambre en el mundo y de las guerras por el control del petróleo y otros recursos?

 

8 de Julio. Viernes.

Venus. Flor.

El trabajo en grupo va dando sus frutos (bueno, flores, habría que decir hoy). Y aunque no sea capaz de "ver" nada todavía en la Fuentona, acepto con más naturalidad lo que los compañeros aportan de sus visiones y me hacen ser más receptivo.

 

Chema prepara con esmero los ejercicios de euritmia, que van configurándose como una especie de fuegos artificiales, que en vez de subir al cielo se desparraman con cierto orden y concierto sobre el amplio local cedido por el ayuntamiento.

 

Unas señoras del pueblo nos abordan interesándose por el trabajo que realizamos, queriendo participar de alguna manera en este aprendizaje; se les promete que sí pero será el año que viene seguramente.

 

En el trabajo de observación nos ponemos por grupos. Esto aligera el trabajo y entre los tres que formamos mi grupo vamos primeramente desgajando del tallo las hojas compuestas de la zarzamora, con su largo pecíolo, y colocándolas en una gran cartulina, viendo así con más claridad la evolución que tienen. Es un trabajo más analítico, más sencillo para mí, pero a la vez más difícil de interiorizar. Seguimos con los sépalos, observando la enorme transformación que se da en la hoja reduciéndose solamente a la vaina.

 

En el siguiente paso, en la aparición de los pétalos, me quedo asombrado y bloqueado. Hasta el sépalo puedo seguir la evolución. En el pétalo hay un cambio radical. Algo me dice que no puedo llegar a ese misterio mirando de abajo arriba, como hasta ahora hemos hecho. ¿Pero cómo mirar de arriba abajo? ¿No sube la planta desde la raíz hasta la flor?

 

Jaime, como todos los días, guía de forma casi imperceptible nuestro trabajo, para que entre todos -y cada uno en su interior, a su paso- vayamos recreando la planta, comentando esto, leyendo aquello.

 

A media noche, en mi diario observar del universo estrellado, rememoro el trabajo de la semana con las plantas. Esas plantas con la mitad de su cuerpo enterrado en el suelo y volcado a él en su escucha silenciosa, y la otra mitad mirando y admirando el sol.

 

En ese estado me veo a mí mismo solitario y chiquito encima de la Tierra y debajo de una gran bóveda plagada de estrellas; siento la unión de ambos y me veo como su nexo de unión. Percibo una enorme lemniscata, que por un lado abraza la Tierra entera y por el otro se abre y abarca todas las estrellas que están encima de mí; yo me encuentro en el cruce y ese cruce no se sitúa en la cabeza sino... en el corazón. Me sobrecoge esta imagen, pero me tranquilizo con la imagen de miles de millones de lemniscatas que se forman, una por cada ser humano.

 

Me viene la imagen de la planta, que hace un trabajo activo durante el día uniendo tierra y cosmos, tejiendo con la materia y la luz su propio ser, vivificando así la tierra. Y surge en mí:

 

-¿ Qué misión tendremos nosotros? -¿ Será que nosotros hacemos, de noche, al dormir, algo similar a lo que las plantas hacen de día?

- ¡Pero yo no estoy dormido!

-Ah! Entonces, ¿también lo podemos hacer despiertos, conscientes?

-¿No será más efectivo hacerlo con plena consciencia?

-¿Este trabajo que estamos haciendo, aquello no será para ello?

-Las plantas fertilizan, vivifican la tierra. ¿Y nosotros?

-¿Quizás ayudemos a la Tierra a que un día sea tan brillante como ellas, que están allá arriba?

 

Y con esta emoción y un sentimiento de gratitud, confianza y responsabilidad, me voy a la cama, después de meditar un rato, como cada día ("a seguir trabajando").

 

9 de Julio. Sábado.

Saturno.

En la Fuentona se vive de forma especial el grupo. También yo consigo" salir de mi cabeza" y ver y sentir esa relación que hay entre nosotros, y por primera vez tengo algo que ofrecer. Una amiga ya se despide. Los buitres que no se habían dejado ver toda la semana acuden a la cita: uno, tres, siete, doce, diecisiete... van saliendo al valle por detrás de las peñas y nos ofrecen una magnífica representación de euritmia aérea (de la que toma buena nota nuestro querido Chema). Es impresionante. Realmente ha empezado la despedida y las muestras de agradecimiento mutuo.

 

También ha mejorado mucho nuestra representación de euritmia. Chema nos prepara para la "traca final" de mañana.

 

Después de tanta observación e interiorización, las rosas se dejan desnudar y pétalo a pétalo vamos descubriendo otra maravillosa transformación hasta llegar a los estambres y las anteras, con sus granos de polen, reapareciendo un nuevo misterio: el cáliz, matriz alquímica donde va a surgir la semilla.

 

En las salidas que hemos hecho por las tardes al Cañón del Río Lobo, la Laguna Negra y San Juan de Duero, las aportaciones de mis compañeros de visiones de seres elementales, conjunción de fuerzas de la naturaleza y cósmicas, sabiamente encauzadas en la arquitectura de los maestres templarios y niveles superiores de imaginación e intuición, se estrellan ante el muro de mi resistencia o incapacidad de penetrar en (o dejar que penetre en mí) ese mundo al parecer vedado -al menos de momento- para mí.

Pero ello tampoco crea en mí incomodidad ni rechazo (excepción de algunas actitudes, a mi juicio, excesivamente crédulas y poco críticas). Más bien al contrario, es una hipótesis que siento la necesidad de profundizar y vivenciar.

 

Por la noche, mi cita estelar adquiere una nueva dimensión. Hasta hoy era el asombro y un punto de admiración lo que surgía en mí en la contemplación de las estrellas. Hoy se unía a todo esto una inmensa gratitud y un punto de entrega. En ese estado, el azul oscuro del firmamento se ha ido iluminando de una luz -diría que púrpura/violeta- donde se destacaba aún más la blanca luz de las estrellas, y durante unos minutos me he visto en el centro de este universo iluminado, agradecido a todos por este trabajo y por este fruto. Poco a poco el cielo ha recobrado su color "de siempre". También yo de nuevo soy "el mismo", pero aún así percibiendo en mi interior algo que me une a todo lo demás.

 

El pueblo duerme plácidamente. Carmelo y su familia terminan de retirar todo en la hospedería. ¡ Buenas noches!

 

La meditación de hoy pierde la dificultad y la aspereza de otros días y fluye sin esfuerzo. Entro en el sueño con una extraña ligereza de mi cuerpo ¿A dónde iré?

 

10 de Julio. Domingo.

Sol. Fruto

Acudo a mi cita diaria con el amanecer y los corzos en el castillo. Me siento a gusto. El trabajo va dando su fruto. No me da pena marcharme y me siento agradecido por todo lo recibido.

 

Chema ha conseguido sumergimos en el ritmo planetario-estelar, representando con todos nosotros un enorme reloj cósmico. Allí estábamos la Tierra, el Sol, los demás planetas, las constelaciones del Zodíaco y el Verbo creador, con sus vocales y consonantes; eso sí, en alemán. Si lo ha hecho con nosotros en una semana ¿ qué no podrá conseguir en un año?

 

Terminamos la observación de la planta acercándonos un poco al misterio de la semilla, que fecundará la tierra para surgir de ella una nueva planta (quizás necesitaríamos mas tiempo para esta última fase).

 

Siento la necesidad de compartir con el grupo este sencillo, pero para mí importante fruto, conseguido por la aportación de todos y cada uno de mis compañeros, de Chema, de Jaime... De hecho, sólo el haberme liberado de mi oscuridad y pesadez al ofrecerlas al grupo, con la confianza de ser acogido, me dio la posibilidad de vaciarme y ascender en el trabajo de observación, y doy cuenta del fruto conseguido en el trabajo de la semana.

 

Al igual que la planta acoge la materia y la oscuridad por un lado, y la luz y el calor por otro, tejiendo con ambos su ser, hevivido el grupo como una entidad que acoge la oscuridad y pesantez de unos y la luz y el calor de otros (cambiantes unos y otros según momentos) ofreciendo a cada uno lo necesario para que tenga la posibilidad de dar su paso.

 

¿Será que el grupo -la relación consciente entre personas- acoge la visión material y la espiritual de cada uno ayudando a tejer a cada uno con esos dos elementos el verdadero ser humano?

 

Reescribo todo esto al cabo de un mes, en parte en agradecimiento por esa ayuda imprescindible que he recibido, y en parte para volver a vaciarme de todo lo "aprendido", pues siento que si no lo hago voy a ser incapaz de seguir trabajando en la observación en mi vida diana.

 

Ezkio-Itsaso, a 11 de Agosto de 2005

 
         
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