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Si hay algún árbol
que simbolice los montes que rodean La Fuentona, ese es
la sabina que junto con su congénere el enebro ocupan
una de las pocas zonas que existen en el mundo en donde
estén desarrollados estos árboles.
Este árbol que convive con pinos y encinas, ha sido el
único que se ha adaptado donde las condiciones del
terreno y del ambiente son más extremas. Su crecimiento
es muy lento pero aguanta más que ningún otro árbol
condiciones adversas de sequía en verano o de frío en
invierno. Las cualidades de la sabina la han hecho muy
apropiada para multitud de usos. De ella se obtenía una
resina muy apropiada para fabricar incienso utilizado en
ritos religiosos. De sabina fueron los postes de las
primeras líneas de electricidad. De sabina se hacían las
cercas de ganado y las vigas y machones de tainas y
casas. La chimenea pinariega típica y su forma
troncocónica, se conseguía con ramas de sabina
entrelazadas cubiertas de barro.
A sus pies conviven también arbustos muy arraigados en
estos terrenos. Destacan algunas plantas aromáticas como
el tomillo, lavanda o romero, otras medicinales como el
té de roca o la gayuba planta de pequeña altura muy
eficaz para combatir las infecciones en las vías
urinarias.
En los alrededores de La Fuentona hay varias rutas
marcadas ente los montes de sabinas y enebros. A sus
lados podrás observar de cerca sabinas retorcidas y
arrugadas que han permanecido durante cientos de años
inmutables sin apenas crecimiento. Podrás caminar sobre
alfombras de gayuba o sentirás el olor penetrante del
tomillo, lavanda, enebro o de multitud de olores
diferentes que te envolverán y anularán el resto de los
sentidos. Si realizas alguna de estas rutas además de
disfrutar del paseo, percátate de las mil sutilezas con
las que te tropezarás apenas sin darte cuenta. |
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