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Tradiciones, gastronomía, oficios,..... son aspectos que
definen la forma de vivir en una época determinada. La
de nuestros abuelos, a pesar de no estar muy lejana en
el tiempo, sí era muy distinta a la actual. En los
últimos 50/60 años ha habido tal cantidad de cambios en
los hábitos, en las costumbres, en la forma de hacer,
que si analizamos ahora las de antaño, nos asombramos de
semejantes condiciones de vida y olvidamos con cierta
ligereza las virtudes y enseñanzas que deberíamos
extraer del pasado inmediato. La vida de nuestros
abuelos es una muestra de esfuerzo permanente, de tesón
y lucha por superar unas condiciones adversas.
Conscientes de sus limitaciones, había predisposición a
la ayuda y a la colaboración: se prestaban útiles de
trabajo, se ayudaban en las épocas de mayor esfuerzo, se
turnaban en trabajos comunitarios. A pesar de los
problemas y dificultades permanentes, no sufrían ni de
stress ni de las prisas que caracterizan a la vida
moderna. Había diálogo y vida comunitaria entre ellos:
en invierno los vecinos se reunían en alguna de las
casas, las familias se juntaban en la matanza y los
esquilos, todo el pueblo celebraba varias fiestas a lo
largo del año llenas de tradiciones en las que la gran
mayoría participaba. El tiempo impone reglas,
comportamientos y modas. Las de nuestros abuelos
pertenecen ya a la historia. Sirvan no obstante estas
recopilaciones como testimonio de algo que hemos perdido
y que posiblemente no podamos ya recuperarlo.
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