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Nos sumergimos en la melancolía de
los tiempos pasados, una sobremesa de primavera cuando mi padre
rememoraba su peculiar vida profesional en estas tierras de
Soria.
Como cada mañana a las 7, tocaba
levantarse para empezar la jornada laboral. Una de las primeras
cosas que había que hacer era dar de comer cebada y paja al
caballo, luego aparejar al animal y preparar la carga para
colocarla equilibradamente sobre el aparejo.
Sobre éste iban los 2 fardos
con el género y todo enlazado con una cuerda.
Los productos que se vendían
eran de lo mas variado dentro del mundo de los tejidos y la
confección de los años 50-60: hilaturas, algodón, franela, pana,
tergal, boinas, mantas de Palencia, camisas, fajas, alpargatas,
cortes de traje... Tampoco había que olvidarse de los útiles de
trabajo: el metro, las tijeras, la navaja, el lápiz y la libreta
pequeña (importantísimo para apuntar los encargos, los cobros y
las deudas).
“Iba de jornada” lo que implicaba que
siempre volvería a dormir a casa. Hoy era martes y este día al
igual que los jueves la venta se realizaba siempre en “Muriel de
la Fuente”.
El caballo cargado, él
andando y junto a ellos otro fiel amigo: “zar”, el perro. Salían
de Rioseco quedaban 2 horas de camino, la ruta siempre la misma:
caminar hacia La Mercadera, cruzar la carretera general,
atravesar Blacos, el carrascal, Abioncillo y la puerta de acceso
a Muriel con la primera visión: el pinar, algunos casillos y
tainas, las eras y el viejo transformador. Luego entraba por el
“barrio”, la “callejuela” o por “arriba” dependía sobre todo de
los encargos.
“Hoy será un buen día, pensaba
mi padre”, Septiembre está cerca y con él la fiesta lo cual
animaría la venta. Lo importante ahora era presentar bien los
artículos en los corrillos de vecinas o ir casa por casa para
llevar los encargos (las colchas, las mantas, cortes de vestido
para confeccionarlas con las máquinas de coser Singer para así
poder estrenarlos luego en la procesión o en el baile.
- Nilo, ¿te has acordado
de los 2,5 metros de franela? ¿ y de los 4 para el vestido?,
comentaba una vecina.
- Sí mujer, mira también
este retor para unas sábana y esta seda. Ya sé que se casa la
chica.
- ¿A cuánto me lo dejas
si me llevo todo?
- No te preocupes, ya
sabes que los precios no han subido mucho, 432 pesetas por ser
tú.
- Es muy caro, bueno me
lo quedo pero ya sabes, te pagaré “al debe” (el 60% al contado y
el 40 % al debe o al apunte para cuando cobre la cosecha. Eso
sí, sin recargo.
Al mediodía tocaba comer,
la reina indiscutible era la tortilla o los filetes empanados
con tomatito y sal.
Lo más cómodo era ir a la
bodega de Luciano y Vicenta. Más tarde estaban las casas de los
tíos con su calurosa acogida y familiar conversación.
Por la tarde seguía la
venta, al atardecer repetía el mismo camino de vuelta rumbo a
Rioseco.
Esta rutina se repetía
durante toda la semana por los pueblos de la zona, menos los
lunes por el mercado comarcal de Rioseco : Nódalo, Nafría,
Calatañazor, La Revilla, pero siempre reservaba los martes y
jueves para su fiel clientela de Muriel de la Fuente.
Eva Serrano |
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