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Érase un día en Muriel de la Fuente, que mis amigos y yo
decidimos ir de excursión al Castillo, la Ermita de la
Virgen del Valle, el Palacio, la Cueva Maja y como no, a La
Fuentona, el río y el Chorro Despeñalagua.
Lo primero que hice fue prepararme los bocadillos, el agua y
una linterna; a continuación desayuné y me vestí, para ir
hacia la pasarela, por que habíamos quedado allí. Estuve
esperando unos minutos, cuando empezaron a acudir mis
amigos: primero iba Gabriel con una mochila verde y con unos
pantalones a juego con la camiseta azul, como los ojos de
Anne que iba detrás de Gabriel, con una mochila vaquera un
traje deportivo, finalmente llegó Toni con una mochila roja
y con un pantalón naranja y camiseta negra y todos por
supuesto una gorra.
-Bueno ¿queda alguien? – pregunté.
-No – respondió Gabriel.
-Pues entonces… -intenté decir, pero Toni se adelantó.
-… ¡Vámonos! –dijo Toni.
Con estas Palabras empezamos a caminar, primero nos
dirigimos al Palacio, en el que vimos y recorrimos hasta el
último lugar; nos asombró todo lo que había ocurrido allí:
-Mirad, estoy pisando donde pisó D. Juan de Vinuesa –dijo
con admiración Toni.
-Anda vamos a la Ermita -dije.
-Si, que ya llevamos un buen rato aquí – dijo Anne.
Pasamos el puente, caminamos por el camino de piedras,
subimos una gran cuesta y…
¡Llegamos!
-¡Qué preciosidad! –dijo Toni con voz potente por lo bonita
que es.
-Me alegro que te guste jovenzuelo, es una preciosidad –dijo
un hombre Anciano que salió del interior de la Ermita-.
–Perdón no me he presentado, me llamo Genovevo –dijo con
orgullo.
Yo di un paso adelante y mientras le daba la mano, dije:
-Yo me llamo Ezequiel, pero para los amigos soy “quiel”, él
es Gabriel –dije señalando al chico de la mochila verde. El
anciano agachó la cabeza como gesto de “encantado” y Gabriel
se puso la mano en la frente he hizo un saludo militar y
continué: - Ella es Anne –dije señalando a la única chica-.
El anciano le besó la mano y ella hizo un gesto de
reverencia. – Y él es Toni –dije señalando a la única
persona que quedaba por presentar. El anciano le cogió la
mano y la agitaron.
-Encantado, pero chicos… ¿Cómo qué estáis aquí y no por el
pueblo jugando como los demás? –preguntó.
-Muy buena pregunta Genovevo, ayer decidimos ir de excursión
para pasar un buen día –respondió Anne.
-Interesante, bueno ¿Os interesaría entrar? –preguntó
Genovevo.
-Sí, sí, nos gustaría mucho –dijo Gabriel,- sería una gran
oportunidad.
-Bueno, antes de nada, mirad la ventana y la puerta, fijaos
con mucho detalle y escuchad que luego os haré unas
preguntitas… -dijo y luego nos dejo mirar- ¿Ya habéis mirado
bien? Pues si no os importa ir entrando –dijo señalando a la
puerta.
Nosotros entramos con entusiasmo de ver la Ermita, las
primeras impresiones fueron buenas pero a medida que nos
explicaba cosas sobre ella nos admirábamos más.
A continuación nos hizo unas preguntas:
-Chicos acercaos que os voy a preguntar. ¿Lo habéis mirado
todo?
-Si –respondimos todos a coro.
-Pues entonces comencemos: ¿Qué tipo de arco forma la
puerta?
Nos dejó pensar un poco y cuando me disponía a decirlo una
chica entró y dijo:
-Un arco de medio punto. – De repente se llevó la mano a la
cabeza y con un sonido continuó diciendo: - perdón se me ha
olvidado presentarme. Soy Margarita, pero me llaman “Rita”.
Rita era una chica de estatura media, delgada con ojos
marrones y pelo negro.
Rita empezó a pasar delante de nosotros y nos presentábamos:
-Hola soy Toni, encantado –dijo.
Ella respondía a todos:
-¡Igualmente!
-Yo soy Anne, encantada –dijo.
-¡Igualmente! ¿Sabes una cosa?... ¡Podemos ser grandes
amigas! –respondió Rita.
-Yo, soy… pues… Gabriel, en-encantado –dijo con vergüenza.
-¡Igualmente! –volvió a decir Rita.
-Hola, yo soy Ezequiel. Para los amigos soy “Quiel” –dije.
-¡Igualmente “Quiel”! –dijo guiñándome el ojo.- ¡Ah! hola
Genovevo, cuánto tiempo.
-Si desde hace dos años, qué grande estás –dijo mientras
Rita daba vueltas para que Genovevo la mirara mejor-. Una
cosa, Rita les estaba haciendo preguntas ¿Quieres
participar?
-Si, pero… ¿Sobre qué son las preguntas? –preguntó Rita.
-Son sobre la Ermita, respondió Gabriel.
-Ah, pues entonces continúa –dijo con intención de
proseguir.
-Vale –dijo Genovevo- ¿De qué tamaño son las ventanas? ¿Y
cuánta iluminación producen?
Todos empezamos a pensar pero poco porque era una pregunta
muy fácil y Anne dio un salto que lo interpreté como que lo
sabía y dijo con voz potente:
-Las ventanas son pequeñas por eso entra poca luz. ¡Ah!
sabéis que parece románica… ¡es románica!
-¡Esa era mi siguiente pregunta! –Dijo Genovevo, rió y
continuo- Bueno ¿De qué estilo arquitectónico es?
-Románico –Dijimos todos a coro.
-Muy bien pues si salís fuera os podéis comer los bocadillos
que ya parece hora –dijo Genoveva y sin vacilar más hicimos
lo que decía.
Pasó un rato en el cual nos comimos los bocadillos, después
nos despedimos pero nos surgió que Rita quería venir:
-Una cosa… ¿Podría ir con vosotros?
Nosotros sin vacilar un solo momento respondimos:
-¡Si! No hay ningún problema.
A continuación nos despedimos mientras subíamos hacia arriba
(para ir al castillo):
-Adiós, Genovevo.
-Adiós, hasta pronto, -contestó.
La cuesta parecía interminable porque nos cansábamos, pero
al final mereció la pena desde allí se veía todo el pueblo:
-¡Ha merecido la pena! ¡Qué bonito, nunca había visto nada
igual! –dije balbuceando en un susurro.
Allí dimos una vuelta para ver como era y… de repente oí una
voz, al principio creí que eran imaginaciones, pero la oí
otra vez. Para mí era una voz extraña que me llevó a un
escalofrío de terror. Lo siguiente que hice fue decírselo a
mis compañeros:
-Chicos, chicos he oído una voz extraña, mirar lo he oído
aquí, venid, venid –dije señalando el sitio donde oí todo.
Todos ellos fueron al sitio que les indiqué, estuvieron un
rato a ver que pasaba, si oían una voz pero no oyeron nada:
-Pero “Quiel”, si no se oye nada –dijo Anne.
-Es verdad, yo no oigo nada, pero nada de na… -intentó decir
Toni pero la vocecilla, se oyó y retiró lo dicho.- Vale,
retiro lo dicho, pero… ¿de dónde procedía aquella voz?
-Si, y… ¿Quién habla? –dijo Rita.
De repente la vocecilla dijo:
-Como ¿Quién habla?, pues quien va a hablar, pues yo, yo
hablo. ¡Hombre que os habéis creído que soy, eh, eh pues un
ser! –dijo en un modo sarcástico, pero no nos resolvió las
dudas.
Luego lo único que se nos ocurrió decir fue:
-¿Qué tipo de ser eres?
-Soy un zoito, los zoitos somos seres del pueblo, nos
encargamos de ir por todo el pueblo viajando en el tiempo ah
y somos primos de los machinas -respondió el zoito.
-Interesante –dijo Gabriel- pero… tendrás algún nombre ¿no?
-Pues la verdad es que no, cada uno tiene una fecha yo soy
el 29-6-98, que ¿Os gusta? –respondió.
-Vale, ¿Y donde vivís? –pregunté.
-Nosotros los ositos vivimos donde nos pille, como vamos
siempre por el pueblo no tenemos un lugar fijo, y dormimos
donde nos cae la noche ¿Qué nos pilla en una montaña? Pues
dormimos en una montaña, ¿Qué nos pilla en un árbol? Pues
dormimos en un árbol –respondió.
De repente, Genovevo apareció
-Ho…la… -dijo Toni extrañado al ver a Genovevo – pero...
como… ¿Cómo qué estas aquí Genovevo?
-Muy simple, es un… -intentó decir el zoito29-6-98 pero
Genovevo le interrumpió y dijo:
-Chsss calla, ya se lo dirás en otro momento.
-Pero… ¿Os conocéis? –pregunté.
-Si más o menos, nos conocemos desde hace muuuuuucho tiempo-
respondió Genovevo.
Entonces vimos una espesa niebla, rara en este día porque
era muy soleado. Anne asustada se agarró a mi brazo. La
niebla cesó. Anne se soltó y pudimos ver unas raras luces,
nos pareció que venían del castillo de Gormaz. Genovevo,
parecía que sabía lo que decían las luces porque se puso a
hablar en voz baja. Desde allí se veían la atalaya de
Cabrejas del Pinar y los castillos de Calatañazor y Gormaz.
El castillo parecía reconstruido, no teníamos palabras para
expresar lo que veíamos, había como una guerra, parecía como
si hubiéramos ido al pasado. Entonces volvió otra vez la
niebla. Anne ya cansada no me agarró, sino que bostezó en
modo despectivo. La niebla se fue. Después Genovevo nos hizo
unas preguntas así por así:
-Vamos a ver: ¿Alguien me podría decir que atalayas o
castillos se veían?
-Pues los castillos de Calatañazor y Gormaz –respondió a
medias Gabriel.
-Y la atalaya de Cabrejas del Pinar –terminó de responder
Anne.
-Muy bien y…, -intentó decir pero le interrumpí.
-Lo siento por interrumpir, pero… ¡Parecía como si
hubiéramos viajado en el tiempo al pasado! ¿Me lo podrías
explicar?
-Si mira, como soy un…como… -Intentó decir pero no pudo -¡No
puedo explicarlo! Es un secreto.
Echamos un trago de agua y después de despedirnos, bajamos
para ir a la Fuentona. Cuando llegamos lo primero que
hicimos fue intentar ver a los macings, pero no conseguimos
ver ninguno, pero lo que si que vimos fue una trucha. La
Fuentona estaba preciosa, con la luz del sol, era increíble.
El siguiente lugar al que fuimos fue al Chorro Despeñalagua,
pero nos surgió un problema:
-Pe-pero ¿Qué pasa? ¿Dónde esta el agua? –preguntó Rita.
-¿Cómo qué no hay agua? –preguntó Toni.
De repente me di cuenta de lo que pasaba, por eso me llevé
la mano a la frente < ¡PLAF!> sonó:
-Ya se lo que pasa, como no ha llovido pues no lleva agua
–dije sorprendido.
-Pues vámonos a la Cueva Maja –dijo Gabriel.
Dicho y hecho, nos fuimos a la Cueva Maja. Cuando llegamos
un poco cansados por que llevábamos todo el día caminando.
Ya era por la tarde. En la cueva lo primero que había una
galería oscura, por eso nos alumbrábamos con las linternas
que llevábamos en las mochilas. A medida que llegábamos
veíamos una luz, rara porque estaba todo oscuro. Llegamos a
la sala, en ella nos aclaramos las dudas, la luz que veíamos
era una linterna que sostenía Genovevo, pero… ¿Cómo es qué
Genovevo estaba allí? ¿Cómo había llegado? Esas eran las
preguntas que se me pasaron por la cabeza, que luego le
formulé:
-¿Cómo es qué estas aquí? ¿Cómo has llegado?
-Pues... –dijo y se puso a vacilar- es un secreto –respondió
de nuevo.
-Anda, dejémonos de preguntar y veamos la cueva –dijo Anne.
-Si, Anne lleva razón vamos a ver la cueva –dijo Rita.
No hicimos más preguntas, y vimos en la roca unas pinturas:
-Parecen hombres, dijo Toni.
-Si, ¿Son hombres… Genovevo…? - preguntó Gabriel a Genovevo,
pero al darse la vuelta vio como había Hombres prehistóricos
a nuestro alrededor.
Nosotros nos dimos la vuelta para verlos, nos quedamos
impresionados, era una cosa increíble. Estuvimos mirando un
rato hasta que las linternas nos fallaron, se apagaron las
luces y de repente todo volvió a la normalidad Genovevo
dijo:
-¿Decías algo Gabriel?
-¿Qué-qué si estas pinturas eran hombres?, dijo con miedo
por lo que antes vimos.
-Sí, respondió. ¿Hay alguna pregunta más?
-Sí, dije: ¿Los Hombres qué había antes eran de verdad o una
ilusión óptica?
-¿Tu qué crees?, le respondió con otra pregunta Genovevo.
-Una ilusión óptica, respondí.
-Pues no, ¡Eran de verdad! –Me aclaró Genovevo.
-Pero… ¿Cómo? ¡¡¡ES IMPOSIBLE!!! –Dijo Toni.
-Chicos ¿Os acordáis de lo que dijo zoito29-6-98? qué los
zoitos viajaban en el tiempo ¿no?, dijo Anne.
-Entonces entre nosotros hay un zoito, dijo Rita.
-Ooo... uno de nosotros es un zoito pero… ¿Quién?, dijo
Gabriel.
-Puede ser por que yo no oigo ni veo ningún zoito, dije
mientras Genovevo se iba yendo mientras silbaba, ¡Como si
ocultara algo! –Genovevo: ¿Ocultas algo?
-¿Yo? No claro que no, como voy a ocultar algo, respondió.
-Sí, parece que quieres ocultar algo y también es
coincidencia que siempre que te preguntamos ¿De donde sales?
Tú nos dices que es un secreto, dijo Anne.
-AMM es que… ¡¡¡SOY UN ZOITO!!! –dijo ya cansado Genovevo.
Todos nosotros nos quedamos boquiabiertos y sorprendidos por
sus palabras
-No puede ser porque los zoitos son unos seres pequeños
–dijo Toni.
De repente Genovevo iba encogiendo y encogiendo hasta
hacerse un zoito, cuando ya terminó de encogerse dijo:
-Ahora me creéis, soy un zoito, todo este tiempo he ido
viajando en el tiempo por eso siempre me encontrabais allí
donde fuerais y en el castillo y aquí en la Cueva Maja he
estado viajando hacia el pasado por eso hemos visto los
castillos y los Hombres.
-Entonces todo concuerda –dijo Gabriel.
-Bueno vamos afuera que nos queda mucho para llegar al
pueblo, dijo Rita.
-Si será mejor que os vayáis y yo también me tengo que ir,
dijo Genovevo.
Todos juntos nos pusimos en camino para salir. En la salida
nos despedimos:
-Adiós Genovevo, te echaremos de menos, dijo Anne casi
echando a llorar.
-Adiós espero que nos volvamos a ver, dijo Genovevo.
Todos nosotros nos fuimos; cuando estábamos casi en el
pueblo, empezó a anochecer era una imagen hermosísima:
-Tenemos que volver hacer una excursión como esta cada año,
propuse.
-Vale, pero calla, escucha como cantan los pájaros, dijo
Anne mientras me daba un beso en la mejilla.
Yo me sonrojé.
Amigos lectores que habéis leído este relato, animaros a
recorrer los alrededores de Muriel de la Fuente y hacer
historias por que en cada rincón hay una historia, lo único
que hay que hacer es tener imaginación.
Un Saludo.
Autor: Jorge Lafuente Orte
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